
Anton le escribe solicitándole que le reciba, y ella accede. Cuando se produce el encuentro, entre él y Sofonisba, que es ya nonagenaria y está prácticamente ciega, se produce una espontánea corriente de simpatía que va creciendo hacia el afecto con las frecuentes visitas de éste a la anciana.
A lo largo de las entrevistas que mantienen ella le cuenta los episodios que va recordando de su vida; cómo y por qué dejó su casa y a su familia para irse a la corte española de Felipe II como dama de Isabel de Valois primero, y como educadora de sus hijos tras la muerte de la reina; los personajes famosos que conoció, como el genial Miguel Ángel; los pedidos que recibió, como un autorretrato que le solicitó el Papa Pío IV; las traiciones y trampas que sufrió. Responde a todas sus preguntas y le narra todo aquello que recuerda, excepto un secreto que ha guardado durante años, desde 1564.
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